Elecciones y fragilidad social

El proceso democrático de este fin de semana marca el inicio de dos instituciones inéditas en el contexto nacional.

Por un lado, la elección de los convencionales, quienes, por primera vez, elaboraran una constitución de manera consensuada o al menos discutida. Y, por otro lado, la elección, quizás, con más injerencia en lo inmediato: la de gobernadores regionales. Una elección postergada en múltiples oportunidades.

A mi parecer, debido al escaso interés de quienes detentan el poder de ceder una cuota de este y, lógicamente, los avatares propios de la pandemia.

No menos importante es que en este proceso, se elijan alcaldes y concejales. Figuras que administrarán el gobierno local y en el que figuras emblemáticas que han permanecido por décadas en sus cargos, ya no podrán participar. Al menos no postulando a los mismos cargos, pero si, turnándose como si los asientos de los concejos municipales fueran una especie de juego de silla musical.

Lo que no cambia, eso sí, es la percepción que algunos tienen sobre estos procesos. Es decir, el miedo al cambio, a lo desconocido o a romper el statu quo como dice Zygmunt Bauman.
En una sociedad líquida, en la que también existe un miedo líquido que sale a relucir, precisamente, en instancias decisivas y fundamentales como esta jornada de elecciones. A ese miedo, debemos agregar, la pandemia. Fenómeno que, de una forma u otra, nos infringe un justificado temor. Esto altera, aún más, el precario equilibrio en el que nos encontramos en lo personal y social.

Pero estos miedos, injustificados la mayoría y justificados los menos, no nos pueden hacer olvidar lo central que resulta participar, manifestar nuestras ideas y con ello movernos de la mejor manera que existe, todos juntos unidos en el anhelo de un Chile mejor.

Carlos Silva
Académico Derecho Penal
Universidad Andrés Bello