Prefecturas de Japón declaradas en estado de emergencia por Covid a tres meses de Juegos Olímpicos

La cuarta ola golpea al país y aboca al primer ministro a endurecer las restricciones en Tokio y en las prefecturas de Osaka, Kioto e Hyogo.

Sin severos bloqueos ni grandes confinamientos, Japón logró reiniciar su locomotora económica aprendiendo a convivir con segundas y terceras olas. Pero los contagios subían y bajaban. Había dos espejos muy distintos y no lejanos que los japoneses podían haber intentado imitar para bajarse de esa montaña rusa vírica: China y Nueva Zelanda, un régimen autoritario y una democracia, pero que compartieron una política clara de bloqueos que no buscaron contener los brotes, sino erradicarlos. Japón, envuelto en una recesión económica cada vez más profunda, decidió seguir intentando convivir con el coronavirus, poniendo y levantando restricciones en sus prefecturas dependiendo de la evolución de las infecciones diarias, y confiando en la conciencia social y la responsabilidad del ciudadano.

Este viernes, el primer ministro, Yoshihide Suga, declaró el estado de emergencia en Tokio y en las prefecturas de Osaka, Kioto e Hyogo, en el oeste de Japón. Una cuarta ola a tres meses de los Juegos Olímpicos es la culpable de esta decisión, que llega unos días antes del comienzo de la Semana Dorada, una de las festividades más populares del año.

Es el tercer estado de emergencia decretado en Japón desde el comienzo de la pandemia, aunque esta medida no implica bloqueos estrictos como en otros países. Entrará en vigor el 25 de abril y durará, en principio, hasta el 11 de mayo en cuatro prefecturas que representan casi una cuarta parte de la población del país (126 millones). “Se aplicarán restricciones más estrictas, como prohibir que los restaurantes y bares sirvan alcohol y pedir a las principales instalaciones comerciales que cierren temporalmente”, dijo Suga.

Según explica la agencia japonesa Kyodo, ya no habrá espectadores en los eventos deportivos y se pedirá a los operadores de trenes y autobuses que finalicen las operaciones antes de los fines de semana, con servicios reducidos durante los feriados. Los restaurantes tienen que cerrar a las 20.00 horas, mientras que los locales de fiesta o de karaokes deberán cerrar por completo durante todo el estado de emergencia, con una multa de hasta 300.000 yenes (2.300 euros) para los infractores.

En total, Japón ha reportado 553.000 contagios y 9.778 muertos. El país ha evitado los brotes devastadores que se han vivido en Europa, Estados Unidos, Brasil o India. Pero, en medio de una campaña de vacunación muy baja (menos del 1% de la población se ha puesto las dos dosis), las infecciones diarias llevan superando las 5.000 tres días consecutivos. Osaka, que actualmente está experimentando el peor brote en el país, reportó el viernes más de 1.000 contagios.

LA VARIANTE BRITÁNICA Y LA “DOBLE MUTANTE” INDIA

Además, las autoridades sanitarias han advertido sobre la propagación de variantes altamente contagiosas, principalmente la detectada por primera vez en Reino Unido. El Ministerio de Salud de Japón estima que esta variante representa alrededor del 80% de todos los casos en Osaka. También ha dejado ya cinco casos la nueva variante “doble mutante” que actualmente está devastando a India. El peligro está en que las vacunas se han diseñado para crear anticuerpos que se dirigen específicamente a la proteína de pico del virus. La preocupación sobre esta última variante radica en que, si una mutación cambia la forma de la proteína de pico, es posible que los anticuerpos no puedan neutralizar el virus de manera efectiva.

Con la montaña rusa vírica que ha vivido Japón durante toda la pandemia, han tenido que lidiar dos primeros ministros. Shinzo Abe comenzó la pandemia con buenas críticas a su gestión porque había conseguido controlar el Covid-19 sin recurrir al aislamiento general obligatorio. Apenas un millar de casos se habían reportado en los tres primeros meses de 2020. Abe optó por mantener un perfil bajo en la lucha contra la pandemia, apenas cerrando escuelas y algunos parques. Estaba funcionando hasta que a finales de marzo del año pasado los contagios se empezaron a disparar.

Abe decretó el primer estado de emergencia el 7 de abril y tuvo que aplazar un año los Juegos Olímpicos de Tokio. El 25 de mayo, con la situación aparentemente controlada, el Ejecutivo nipón levantó la alerta en todo el país. Cuatro meses después, Abe dimitió por enfermedad y cogió el testigo del poder su mano derecha y jefe de su gabinete, Yoshihide Suga.

Con la segunda ola de coronavirus ya controlada, Suga se centró en reactivar un mercado laboral que perdía millones de trabajadores. Su popularidad estaba en alza hasta que el idilio terminó justo antes de Navidades, cuando llegó la tercera ola que dejó a diario infecciones de cuatro dígitos. Preocupaba sobre todo el aumento de casos en Tokio. El 7 de enero, Suga declaró el estado de emergencia en su capital y en toda su periferia, donde viven alrededor de 37 millones de personas. Las restricciones, que debían de levantarse un mes después, se fueron ampliando hasta el 21 de marzo porque los contagios no bajaban.

Japón levantó su segundo estado de emergencia justo antes de que comenzara el relevo de la antorcha para los Juegos Olímpicos de este verano. Pero una cuarta ola ha devuelto a la tercera economía mundial a su punto de partida.

(El Mundo noticias)