El Turismo, ¿nace, o se hace?

Una pregunta que, adecuada al tema que nos ocupa, ha preocupado a todos los humanos desde hace siglos. Un genio, ¿nace genio, o se hace genio con el tiempo, el trabajo, la educación, o el entorno?.

Turismo en el mundoLo mismo ocurre en el turismo. Nos preguntamos si el turismo nace por generación espontánea, o lo podemos sembrar y hacer crecer como un bosque de olorosas flores con el signo $ o € en sus pétalos.

Un tema sobre el que podriamos hacer reflexiones ad eternum. Pero seamos prácticos, si nos interesa colocar el turismo en la primera fila de nuestra actividad económica, tenemos que tomar las acciones adecuadas para descubrirlo, adecuarlo y consolidarlo. Vean que no indico la palabra promocionarlo en mi lista. Antes de promocionar nada, tenemos que tener algo que promocionar. Y no solo algo, sino algo bueno y atractivo. Si es muy bueno y muy atractivo, tanto mejor. Si la experiencia que ofrecemos no está a la altura de lo que prometemos y esperan nuestros visitantes, quedarán defraudados, y habremos perdido una magnífica oportunidad de crecimiento, que nos costará mucho tiempo y dinero poder recuperar.

Mi propuesta práctica para los destinos emergentes, o que desean emerger, sería primero preguntarle al pais, preguntarle al pueblo. En todas partes, hay unos atractivos que mueven masas desde décadas, pero que los técnicos expertos en turismo no consideran, porque normalmente son utilizados por el pueblo llano, que no tiene divisas, y gasta poco. Se me ocurren al escribir ésto, muchos lugares de diversos cultos religiosos, que vienen moviendo masas algunos desde hace siglos, en casi todos los paises.

¿Qué turista ha visitado las montañas de Sorte, en Venezuela, donde la escultura de una sacerdotisa desnuda montada sobre una danta (una especie entre asno, cerdo y rata) genera fervor popular especialmente en momentos de desconcierto?. El lugar sirve para auspiciar ceremonias “paganas” con sortilegios, encantos románticos, a base del humo del tabaco y otros procesos ignorados por los no iniciados. Seguro que si se considerara el lugar como atractivo turístico, tendría una afluencia importante, especialmente a partir de lo que ya se ha ganado por siglos.

Si se les permitiera, las organizaciones religiosas, con su perspicacia económica sabrían sacarle más partido a las montañas de Sorte, que el desprecio, la ignorancia o el descuido.

Y otro ejemplo es la provincia donde vivo. Alli coinciden tres organismos oficiales dedicados a la promoción del turismo, con multitud de folletos y opciones a cual más ingeniosa. Alguno diría que tocan a un funcionario por cada turista que llega.

Seamos serios, seamos prácticos, seamos eficaces, seamos productivos.

Por: Lluis Mesalles, Consultor internacional en hotelería y turismo

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