CEP: Por donde pecas, pagas

Sebastian Piñera y Michelle Bachelet 2010Indudablemente la gran vencedora de la última encuesta CEP fue la ex Presidenta Bachelet. Desde Nueva York, en un mutismo absoluto y con solo esporádicas visitas -exclusivamente privadas- a nuestro país, sin declaraciones a medios ni contactos con partidarios, logra un 54% en intención de voto, seguida muy a lo lejos por su siguiente contendor, Laurence Golborne (11%).

Doble mérito, si se toma en cuenta que ella lo consigue sin la ayuda de los dos puntales de su gobierno: Andrés Velasco, ex ministro de Hacienda durante los cuatro años de mandato y futuro contendor en las primarias concertacionistas; y Juan Carvajal, ex director de la Secretaría de Comunicaciones por el mismo período, el hombre que logró que Bachelet terminara su período con un histórico 84% de popularidad a pesar de bajos índices de crecimiento económico de su gobierno, también en un ya habitual contexto de crisis económica internacional (2006: 4,6%; 2007: 4,7%; 2008: 3,7% y 2009: -1,7%; Cifras OECD).

El que la ex mandataria logre desde el extranjero “aparecer en una posición de privilegio” demuestra una gran capacidad comunicacional masiva, sobresaliente para una médico cirujano, -o al menos, un gran instinto en confiar en sus asesores-, habilidades de las que demuestra carecer por completo el Presidente Piñera en su porfía por mantener a un grupo de aficionados como asesores comunicacionales. Un equipo que no sólo obtuvo récords en cuanto a desaprobación ciudadana de un mandatario, sino que nunca fue capaz de conectarse con audiencias femeninas, juveniles o de regiones y  que nunca logró mostrar al mandatario como alguien confiable, cercano, firme y hábil, como se desprende de la última encuesta CEP. Que el 51% de la población desapruebe la forma como Sebastián Piñera está conduciendo su gobierno convierte en modesto el 31% de aprobación. Ni siquiera logró convencer de las grandes fortalezas de esta administración, al reflejar exiguos 28% de aprobación en manejo económico y en  empleo.

Pero también el equipo comunicacional de La Moneda fracasó al lograr que indicadores de gestión como crecimiento económico (2010: 6,1%; 2011: 6,0%; Banco Mundial y proyecciones 2012: 5,5%); tasa de desocupación (trimestre móvil sep-nov 2012: 6,2%); crecimiento por tercer año consecutivo de masa salarial en 2012; la más alta tasa de participación laboral femenina de la historia (47,8%); decisión de Standard and Poor’s de mejorar clasificación de riesgo soberano de Chile; o proyectos sociales como ampliación postnatal a seis meses; eliminación del 7% de cotización salud para pensionados; eliminación de listas de espera de enfermedades Auge; bono Bodas de Oro; reducción brechas socioeconómicas Simce o creación Sernac Financiero; al día de hoy valgan champignon… ¿O acaso la evaluación ciudadana era mucho peor y mejoró gracias al área comunicacional de Gobierno? Los asesores del Presidente fallaron – error de alumno de 4º Medio de colegio particular- al intentar construir el relato de un gobierno basado exclusivamente en el crecimiento económico en un contexto de tanta desigualdad. Obviamente, el mensaje no llegó á a la audiencia ni provocó el efecto deseado, sino lo único que hizo fue preparar el ambiente para el próximo que sí sepa empatizar con la ciudadanía a través de su discurso…

¿Pero qué otros efectos provocará la encuesta CEP?

De partida, para la ex Presidenta Bachelet, la confirmación de su posición de privilegio, lo que le abre grandes oportunidades para imponerse por sobre los partidos políticos opositores, envueltos en pugnas de poderes y empeñados en robustecer sus áreas de influencia. Pero además le significa un inmejorable punto de partida para recaudar fondos para su campaña, en especial con un empresariado que resiente la gestión del Presidente Piñera por considerar que atenta contra privilegios adquiridos y que prefiere mil veces los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. Y por supuesto que el tema recursos económicos resulta relevante para la candidata, después de una ausencia de más de dos años en Chile y del débil cometido de la Fundación Dialoga en cuanto a lograr financiamiento para sus propios proyectos.

Para la Concertación, un tarjetazo a lo Bolocco en sus épocas de gloria, reprendiéndolos por las pugnas internas y exigiéndoles una pronta solución al conflicto DC-PC. Con el 50% de desaprobación ciudadana, la Oposición no tiene mucho margen para exigencias desmedidas y sólo queda bajar la cabeza…

Para el Gobierno, el reconocer que su estrategia de minimizar la construcción de intangibles y relegar a un segundo plano todos los aspectos comunicacionales, le significó convertirse en un breve paréntesis entre dos gobiernos de Bachelet. Los indicadores de gestión -que en la empresa privada hubieran hecho babear a los directivos- poco importan a la ciudadanía ante atractivos cantos de sirena… Pero además ante cifras de aprobación ciudadana tan paupérrima, la administración Piñera deberá asumir el inicio de su período de pato cojo.

Para la Coalición para el Cambio -¿todavía incluye a ChilePrimero?- y sus precandidatos, significa una readecuación de su discurso. Si el compromiso de Golborne y Allamand era de no atacar al Gobierno, estas paupérrimas cifras de aprobación ciudadana sólo incitan a desligarse de un discurso diseñado por ideológos de Gobierno, pomposo y poco efectivo.

Por último, para la ciudadanía comienza un difícil período, en que deberá definir qué quiere para su futuro. ¿Empáticas promesas que muchas veces no serán cumplidas -después de 20 años de Concertación, Chile siguió siendo uno de los países con mayor desigualdad en ingresos- o la antipática, persistente y sistemática incapacidad de la derecha de conectarse con la ciudadanía? Chile deberá decidir.

Andrés Jirón Santandreu
Abogado MBA